El Pequeño Saltamontes

Escritos profundos, reales o imaginarios, pero honestos

Desde ayer tenía ganas de escribir sobre esas dos palabras “fidelidad” y “lealtad”. ¿Son sinónimos?

Un sondeo rápido indica que no son términos iguales, veamos este sitio web: https://mejorconsalud.as.com/diferencia-existe-lealtad-fidelidad/

Con el par de conceptos aclarados más abajo, considero que la base en la que se sostienen las organizaciones criminales es la lealtad al amo. Deben estar ahí, aunque le den patadas. La fidelidad no tiene nada que ver con los clanes mafiosos. La única virtud que predomina es la “lealtad”.

¿Qué es la lealtad?

Para definir con claridad lo que es la lealtad la podemos explicar de la siguiente forma: es el apoyo que una persona profesa a otra en situaciones difíciles manteniendo acuerdos que se han hecho. Una persona leal jamás habla por detrás de otra, no la engaña, no la vende.

Los perros son animales de compañía considerados de los más leales. La razón está en que siempre van a estar ahí. De hecho, su lealtad nunca se quiebra. Aunque venga otra persona que les dé más cariño, ¿con quién vuelven? Con su verdadera familia.

¿Qué es la fidelidad?

La fidelidad se diferencia de la lealtad en que es un compromiso moral. Se trata de una opción, pues se trata de aceptar un compromiso que se adquiere con conciencia y verdad.

Este no es el caso de la lealtad; no hay un compromiso moral, sino más bien una voluntad para estar ahí incluso cuando la otra persona no lo está mereciendo.

Una persona puede ser leal, pero no fiel. El problema de la fidelidad es que se presuponen cosas que deben hablarse.

Vivo en ese país que tendrá unas supuestas elecciones en noviembre, con varios presos políticos en que el común denominador es que todos ellos quisieron ser presidente del país, luchando contra una élite armada. Hay presos por ondear una bandera, presos por no ser afín al régimen.

Es fácil pensar que el país está dividido, confrontado, fragmentado políticamente. No lo veo así. La división es de tipo moral y ético, no político.

Todos queremos un país democrático, en libertad, en paz, armonía y progreso. Todos quieren ese sistema propio de países del primer mundo, en que las leyes se respetan y no se manipulan, en que se castigue a los ladrones y violadores de las leyes, en que el tráfico de influencias también es un delito. Se quiere un sistema que castigue a los corruptos.

Pero el asunto no es solamente, “querer”. Es hacer y pensar y actuar conforme a valores éticos y morales.

Hay buenos y malos, ¿en qué bando estás? Del lado de los buenos, dirán todos. Pero, no hay un código que me indique que yo miento, porque mis actos contradicen lo que digo. Esto refleja una absoluta carencia de valores morales. No me importa matar con tal que conseguir el poder, no me importa denigrar a mis propios camaradas con tal de sobresalir.

Todos tienen una infinita ambición de poder, lo cual no permite la unidad de conciencia, ni permite ver lo que está mal y lo que está bien. Están enceguecidos por la avaricia y la soberbia. El país vive y está cosechando las décadas de abonar a un sistema sin valores morales. La cosecha es este monstruo ciego y obeso, que está matando a todos por igual.

Tanto buenos como malos, están enclaustrados en sus jaulas, aquéllos en sus jaulas de oro, que no les permite disfrutar de libertad. Los otros, en las jaulas de barrotes fríos y nauseabundos en donde los han encerrado los que viven en jaulas de oro. El encierro es el mismo, de tipo moral y ético, no ideológico ni político. Porque, al fin y al cabo, si hacen un intercambio de jaulas, los nuevos inquilinos de las jaulas de oro no serán capaces de aborrecer la nueva jaula.

El país no está dividido política ni ideológicamente, sino dividido por los valores morales y éticos. En el momento en que todos los que viven en este país comiencen a hablar otro tipo de lenguaje y código, las cosas comenzarán a marchar mejor.

El mundo. Los gobiernos. Los poderosos han encontrado cierta estabilidad.

No veo en el horizonte guerras Catastróficas como las que se dieron en el siglo veinte.

Pero nos amenaza siempre el flagelo de las dictaduras, la enfermedad de la soberbia y el enriquecimiento personal.

Los países poco a poco se alinean en torno a los grandes problemas mundiales, la crisis energética, el recambio de las fórmulas para la obtención de energía renovable. El problema alimentario. Y la salud.

Sin embargo otro gran problema es la contaminación ambiental que es lo que en los próximos siglos será una grave amenaza para toda la población.

He aquí tres paradojas muy parecidas a humor negro:

  1. Una joven busca divertirse en un día feriado, sube a la moto con sus amigos, y a los pocos minutos, encuentra la muerte. Un carro atropella la moto y ella fallece en el pavimento aplastada por una camioneta que iba detrás.
  2. Un par de mujeres trabajadoras, se alistan temprano para trabajar, una de ellas para palmear tortillas, y la otra para entregar comida. Cruzan una carretera despreocupadas. Mueren atropelladas por un microbús a toda velocidad. Buscando la vida encuentran la muerte.
  3. Ha vivido mucho tiempo, sin problemas, ni enfermedades, pero la vida le aburre y siente que no tiene ningún aliciente. El señor quiere morir a pesar de tenerlo todo. El señor termina ahorcándose de aburrimiento.

Son las reflexiones de alguien que vive en Nicaragua, para ponerlos en contexto. Estas líneas van en conmemoración de otro 19 de julio de una gesta traicionada.

Vivimos sumidos en el pasado, escuchando las mismas canciones de Camilo Sesto o Luis Miguel, o Julio Iglesias. ¿Es que el pasado fue mejor y lo añoramos? ¿Es que la dictadura de Somoza fue un buen gobierno comparado con lo que tenemos hoy ?

Pregunto si es un síndrome de los países tercermundistas, aferrarse a los viejos slogans, a los estribillos, a las canciones que alentaron revoluciones, a ese recuerdo de algo que no funcionó, y de lo cual nos arrepentimos haber apoyado.

O es que, es mi punto de vista desde la óptica de un viejo entrando a los sesenta. ¿ Será el mismo punto de vista la de un joven de veinte o treinta años?. Ese joven se habrá percatado que patinamos en las mismas canciones románticas, en las mismas justificaciones históricas, sin sentido, que no hemos avanzado gran cosa para lograr lo que realmente puede sacarnos de la pobreza como país.

Escuchamos las canciones de nuestra juventud, las que bailamos o las que nos gustaron. Pero en mi caso, estoy aburrido de escucharlas, como aburrido de estar bajo un régimen elitista, que beneficia solamente a su gente, a sus partidarios, un gobierno que ha comprado las conciencias de miles, para mantenerse en el poder a toda costa.

Los dirigentes siguen argumentando lo mismo de siempre, es el imperialismo injerencista, es la derecha golpista, la causante de los males del país. Sería bueno cambiar el cassette, y poner otras canciones, otras melodías, que no aburran y que pueda escuchar el joven y el viejo, hasta el niño.

Es una vergüenza vivir bajo un gobierno despótico, en uno de los pocos países que decididamente, y sin ningún tipo de vergüenza, promueven el partido único, sin muchas alternativas de crecimiento económico, exportando los mismos rubros de hace treinta o cincuenta años.

Escuchamos las mismas canciones de los cantantes de nuestra juventud, ¿no es eso un síntoma de que algo no funciona bien en nuestros cerebros ?

Los slogans revolucionarios pregonan Patria o Muerte, ¿para qué quiero una patria viviendo como un paria, como un esclavo? ¿ para qué quiero la muerte para que otros vivan y disfruten las uvas del poder y el dinero?

El vivo se nutre del idiota, pero esta sociedad se ha convertido en un enorme clan de oportunistas viviendo de un idiota, ese idiota es el país, que no puede arrancar ni avanzar hacia ninguna dirección. Los perdedores aún no han nacido, y nosotros moriremos en una patria sin vida alguna.

Tuve un sueño.

Yo era un ave, una lorita, enjaulada. Dormía cubierta por una sábana para evitar la luz y la lluvia.

En la mañana mi amo me daba una tacita de semillas de girasol, y agua.

Ya las 6 de la tarde, colocaban la sábana sobre mi jaula.

Cada noche, un gato rondaba la jaula, moviendo la cola, con una mirada desafiante, o hambrienta, no sé.

Un día, la puertecita de la jaula quedó mal cerrada, casi entreabierta, lo cual fue aprovechado por el gato, color negro.

Sucedió lo que iba a suceder, el gato abrió la puerta de la jaula con la punta de una uña y asomó su cabeza dentro de la jaula. Empecé a mover mis alas fuertemente, y a chillar, como lo hacía cuando presentía una amenaza. Pero mis amos estaban profundamente dormidos.

Sin embargo, el gato tenía el don del habla, y me dijo: ¿Qué quieres? ¿Pan o la libertad? No vine a matarte, sino a que tú decidas el destino que quieres.

A lo que le contesté, tratando de controlar mi adrenalina: Gato, el pan lo tengo, cada mañana mi amo me da abundantes semillas de girasol. Libertad no la tengo.

El gato me contestó que la libertad también implicaba un enorme riesgo.

Lora, ¿sabes que al salir de esta jaula, otros gatos podrán atraparte y matarte?

El gato dijo: Yo soy un simple enviado de Dios, te doy esas dos opciones, a ver cuál decides escoger.

Yo, la lora, enjaulada desde hacía más de cinco años, le dije: está bien, gato, escojo la libertad, no me importa si esa libertad dura solamente un segundo.

Dicho esto, el gato se hizo a un lado, y dejó abierta la puertecita de la jaula, y me dijo: sal, sal rápido, tienes poco tiempo.

Batí mis alas con fuerza, respiré un poco y salí, volando, impulsándome hasta el techo de la casa de mi amo.

¿Qué piensan ustedes que puede ocurrir en el futuro?

Migraciones masivas, violentas y desesperadas, queriendo entrar en el coloso del Norte, o en Europa. Escasez de alimento, inundaciones, huracanes, lluvias torrenciales, enfermedades, pandemias. ¿Podrá ocurrir todo eso de un solo golpe, o aparecerán esos fenómenos poco a poco ?

Los gobiernos en todo el mundo tienen la gran responsabilidad de tener discernimiento, ver más allá de sus narices, de prever que el deterioro ambiental galopante no puede conducir a nada bueno.

Reconozco que tampoco el crecimiento exponencial asintótico de la población, es un buen síntoma, como especie, estamos superpoblados. Sin embargo, esto no significa que la humanidad tome medidas como la legalización del aborto, para detener el crecimiento poblacional. Sin embargo, pienso que debajo de la mesa, clanes inescrupulosos están liberando cepas microbianas para matar a la población, como forma de hacer un drástico control de la natalidad.

Nadie puede apropiarse el derecho de decidir por la vida de los demás, ni por lo que están por nacer.

Hay cosas sin las cuales la vida no es vida. Y tal como el señor que empuja el carretón, todos empujamos algo en nuestras vidas; yo también cercano a la vejez, lucho por no morir.

Y la vida se entiende con el misterio de la muerte. Vivimos de recuerdos, de lo que pudimos hacer, y no hicimos, de lo que pudimos decir, y no lo dijimos: nos quedamos callados y luego es muy tarde.

La vida se entiende desde la cabina del sufrimiento, del dolor y las decepciones, también desde las alegrías y las luchas ganadas, desde el trono de las decisiones que se toman a tiempo, porque la vida es el juego de lo oportuno y las oportunidades, de no desaprovechar el momento y valorar lo que tenemos a mano.

La vida debería ser fingir menos y quejarnos menos, no ser tan hipócritas, y expresar nuestros sentimientos e ideas, no esconder nuestra realidad y nuestro punto de vista.

Sería bueno observar a las personas no para criticarlas, ni para atrapar los errores, sino para entenderlas, comprenderlas y ayudarlas.

La vida es lucha, somos como los salmones, nacemos río arriba, bajamos para crecer y conocer el mundo, luego subimos nuevamente a donde nacimos, al encuentro de nuestro yo, para parir nuestros hijos, nuestro mundo, y una vez depositado, ese huevecillo, morir lentamente, desangrado, pero feliz, con la conciencia tranquila del deber cumplido.

La vida debería ser desapego, dejar ir, menos egoísmo, y más el dar de nosotros. Menos avaricia de poder y control, menos avaricia de acaparar lo que no podemos, porque el mundo se extingue rápidamente, y otros quedarán. No nos llevamos nada, ni poder ni la gloria de las medallas, queda el recuerdo y los sentimientos bonitos de que esa persona, era linda gente, era maravilloso.

La vida tiene un gran enemigo, la soberbia. Creer que nuestra verdad es la verdad, y nuestro problema es la prioridad. Por eso, el desapego muestra el camino a no reclamar mi autoridad, sino a reconocer la existencia de otras realidades, otros mundos llenos de ideas diferentes, formas pulidas de avanzar hacia el conocimiento universal de Dios.

La vida es dicotomía, es dualidad, es paradoja, nacemos para morir, y quién puede negar, que al morir podemos vivir nuevamente, podemos resucitar, porque al fin de cuentas la vida es energía, y la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Miseria de poder

Creo que, a como vamos, pronto alcanzaremos la inmunidad de rebaño. Hay muchos casos de COVID en Nicaragua. Son miles o decenas de miles, intentando salir de este país, colapsado, lleno de basura y miseria.

Pero la miseria de la falta de dinero y oportunidades es más llevadera, que la falta de libertad y la represión. Miseria es la escasez de algo, y estamos carentes de libertad y tolerancia. Llenos de tergiversación, y odio, aguantando una camarilla sedienta de poder, son con perros pitbull, con la mandíbula tiesa, trabada, porque han probado el hueso y no lo quieren soltar.

Una miseria espiritual, de no dejar el poder, y defenderlo a capa y espada, soberbia al no escuchar las voces de todos lados pidiendo libertad, gula, avaricia, al no ceder ni un palmo.

Como país, estamos colapsando, nos estamos yendo a pique, y todos seremos tragados. Tengo tristeza y desánimo, solo me queda escribir un poco. No tengo fuerzas.

Solo pienso que nuestros hijos y nietos no tendrán ningún futuro bajo este gobierno malvado. Pronto se inventarán agresiones e invasiones, para justificar nuevamente el servicio militar obligatorio. Una gran oleado de jóvenes continuarán saliendo del país, hasta que quede un desierto, árido de valores y justicia.

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