El Pequeño Saltamontes

Escritos profundos, reales o imaginarios, pero honestos

Ateos y no ateos

No soy ateo, creo que existe un Ser Superior, sí, creador del cielo y la tierra. Los pensamientos de Dios, son hechos consumados. El futuro que piensa Dios, ya existe, es algo que no puede dudarse. El presente y el futuro se unen. El pasado no existe, sobrevive el pensamiento y la imaginación de Dios, que es la realidad.

Respeto la opinión de los ateos, pero no los entiendo. ¿Existe un libro donde me expliquen la posición de los ateos? Me gustaría que me escribieran para poder leer las bases en que fundamentan la tesis que Dios no existe. Porque yo lo veo tan claro como el agua cristalina de un río del norte de Nicaragua. Sin embargo, debo agregar que ateo no es únicamente el que dice “no creo en Dios”, es demasiado simple. Ateo es el que está alejado de la confianza en Dios, el que cree en sus propias fuerzas ya sea en la forma de dinero, poder o influencias. Ateo es el que no confía en Dios y vive la vida sin tomarlo en cuenta. Desde este punto de vista, podemos haber más ateos de facto, de lo que pensamos.

Si pudiéramos hacer una encuesta, creo que hay menos ateos entre la gente pobre y desvalida, que entre los ricos y poderosos.

En Dios, el tiempo es redundante, es una variable que sobra en el Universo. No hay espacio ni devenir, se vive simplemente en presencia de El.

El tiempo o la noción de tiempo, se fabricó para que nosotros los humanos entendiéramos la voluntad y el accionar de Dios. Los animales no tienen conciencia del tiempo, simplemente viven y no están subyugados por la prisa o la lentitud de las cosas.

Sí, no soy ateo, creo en Dios, así como mi hijo cree en El, sin que yo se lo haya inculcado, él ya lo trae en sus genes.

Semana Santa 2021

5 de abril. Siento la necesidad de escribir, expresando que me da decepción este mundo. Los valores están al revés, no hay solidaridad ni buenos sentimientos. Solo veo que el planeta se encamina a la destrucción total, irreversible.

El mundo no aprecia el valor del sacrificio de Nuestro Señor Jesús, habiendo muerto en la cruz, hace poco más de dos milenios. Ni aprecian el milagro de la resurrección.

Se vive un instante, y lo que importa es vivir según los instintos y las pasiones. El resto es secundario, no hay compasión ni consideración por la amistad. El que no tiene dinero, es un miserable, algo que debe descartarse y eliminar. Pero en ese hecho, el que descarta se vuelve basura, también.

Los valores humanos, no digamos, cristianos tienen la cara de un billete de ¿cuánto? La vida humana no importa, total todos nos iremos al hoyo. Porque en fin, no resucitaremos como lo hizo Jesús.

Así piensan, los que están en contubernio con Satanás, con el pervertidor y el que provoca confusión. La humanidad vive una espiral de dolor y caos. Por ese motivo, no veo una solución, la única es la más dura, predicha en Apocalipsis. Las siete copas de la ira de Dios están siendo derramadas por los siete ángeles. Así está anunciado en el Capítulo 16.

Antes del año 2100, la humanidad verá la ampliación de los horrores de la guerra, más desastres naturales, pandemias y el descalabro financiero, como punto final al sistema económico imperante. No hay vuelta atrás, preparemos nuestra mente y espíritu para lo que viene. Habrá un momento en que el dinero no servirá de nada, no servirá para comprar absolutamente nada.

Instruyamos a nuestros hijos de la mejor manera, acercándolos a Dios para que puedan interpretar lo que están sucediendo en el Planeta y lo que está por acontecer.

Cuentos renovados de la cripta (I)

Esta es la historia de don Germán, un hombre luchador con sus altos y bajos, bastante aficionado a la cerveza y no tan mujeriego. Dedicó parte de su vida al comercio, a vender y distribuir las oportunidades que se le presentaban.

Logró estudiar y coronar el ciclo diversificado, como le llamaban al tercer nivel de la escuela secundaria. Pero eso fue suficiente para aprender las estrategias de mercadeo y negociación que ninguna escuela certificada de administración de empresas puede ofrecer.

En su juventud caminaba largos kilómetros en senderos polvosos buscando plantíos de cebollas, tomates, frijoles, lo que fuera de legumbres. Compraba toda la cosecha haciendo cálculos de ganancias y pérdidas, extrapolando los precios de futuro y calculando la demanda en los mercados locales.

A veces obtenía buenas ganancias, otras veces no, pero en general, los saldos en su billetera eran positivos. De forma que pudo darle educación a sus hijos y sentirse satisfecho al final de sus días.

Su afición en sus últimos días era salir a cortar la maleza en su finca de San Marcos, en donde se había refugiado para sentir el aire fresco de la mañana y contemplar las oropéndolas haciendo los saquitos que colgaban en las ramas de los árboles, como hamacas, en que empollaban las crías.

La dieta predilecta de don Germán era frijolitos refritos con crema y tortilla caliente, en el desayuno. Al mediodía carnita asada con plátano tierno asado en el fogón de leña. Su señora era experta en sacar de las brasas el plátano en el punto exacto de calor.

Los años les habían dictado ciertas costumbres sencillas. Apenas veían televisión y escuchaban radio, siendo el pasatiempo hablar de los viejos tiempos y hacer recuento de todas las amistades que habían muerto.

Sus mentes eran ajenas a las preocupaciones políticas y financieras, aunque sí estaban muy al corriente de los precios, de la inflación de la canasta básica, del montón de dinero que no alcanzaba para nada. Eran tiempos duros, pero la convicción que habían cultivado, era que todo es transitorio, nada es para siempre o definitivo.

Hubo un momento en que don Germán empezó a hacer planes de muy corta duración como visitar a sus hijos, ver cómo estaban los nietos. Pensaba en que debía despedirse. Algo muy dentro le decía que sus días estaban contados con los dedos de la mano.

Su señora lo encontró como dormido un atardecer, en realidad estaba muerto. Asustada corrió a buscar un espejo y se lo puso en las fosas nasales, ningún aliento, ningún vaporcito. Había llegado su fin de manera tranquila, en su hamaca.

Ante el evento de la muerte

Unos días antes que mi papá entrara en coma irreversible, sintiendo él la inminencia de la muerte, logró hablar un poco, me aconsejó que atendiera mi salud por mis problemas de ronquido o en palabras médicas, problemas de apnea. Él dijo que lo que sucediera ya no importaba porqué él ya había vivido lo suficiente, y en ese momento no logré asimilar el contenido de esa expresión.

“Yo ya he vivido”

Siete años después, pienso seriamente en el evento de la muerte, qué significado tendría para mí, saber que estoy en grave riesgo de muerte, o que me acecha una enfermedad incurable.

Me hago estas preguntas:

¿Cambiaría mi actitud ante mi familia? ¿Me volvería odioso, sentiría desasosiego? ¿O, por el contrario, presentaría batalla y me sentiría fortalecido?

¿Tiraría la toalla y me echaría a morir?

¿Prepararía mis cosas y me acercaría más a Dios? ¿o, por el contrario, me sentiría traicionado por Dios y perdería mi fe?

No sabemos a ciencia cierta qué nos espera después de la muerte. Pero estoy casi seguro que nos espera un cambio de cuerpo, de uno material a una vestimenta espiritual, no corpórea, en otro universo u otra dimensión.

Albergaba la esperanza que mi papá despertaría del coma, a veces me parecía que hablaba y decía “agua”. Tenía la fe que, para el día de la Virgen de Guadalupe, él se recuperaría y nos sentiríamos contentísimos de que todo se había superado.

Aunque parezca que en mis palabras hay rencor o resentimiento, es normal que, ante un evento de esa magnitud, teniendo a un familiar muy querido como tu papá o tu mamá en trance de muerte, encuentres fuerzas para confiar en Dios y en su respuesta divina.

Pero muchas veces no se cumplen nuestros deseos aún cuando sean a favor de los padres. Dios sabe lo que hace y sus decisiones son inapelables.

No aprendemos del dolor ajeno, hasta que lo experimentamos en nuestra propia carne. Cuando desconectaron a mi papá de la máquina que lo tenía con vida “en teoría”, atado del hilo de contracciones en el corazón que genera la adrenalina de forma sintética, se me hizo un nudo en la garganta, más al ver cómo le aplicaban el desfibrilador más por compromiso que por otra cosa, o a lo mejor haciendo la mueca porque las enfermeras volteaban a ver hacia donde yo estaba, a unos 10 o 15 metros.

Sabemos que el tiempo existe, y que el tiempo pasa, y que es una variable física, porque la intuimos en los cambios que vemos a nuestro alrededor. Veo los cambios en la salud de mi mamá, y en mi propia persona, y es entonces que me doy cuenta de que el tiempo ha pasado, que uno envejece drásticamente, y se comienzan a masticar las hojas del evento de la muerte.

Heme aquí, dándome cuenta de que la muerte está cercana y que ella te espera con la mayor paciencia del mundo, sin desesperación, sentada en un taburete viendo cómo luchas por sobrevivir, aunque es ridículo creer que se puede escapar de semejante adefesio.

Tiburón en nuestras piletas

Después de ver un video que me pasaron por whatsapp, he llegado a la brillante conclusión que es necesario tener un tiburón en nuestras vidas.

El video explica cómo los japoneses insatisfechos por la calidad del pescado que enviaban los pescadores, hicieron que estos buscaran modificaciones en las embarcaciones para que el pescado llegara lo más fresco posible al mercado y la única solución fue introducir el depredador universal de los mares para mantener en movimiento a los peces en las piletas para que el pescado llegara oxigenado.

Nuestras vidas tienen algo de similar; todos necesitamos un tiburón para mantenernos en movimiento para llegar frescos a la costa con sabor y frescura.

Todos necesitamos movernos para oxigenarnos y no anquilosarnos; ese es el truco para llegar bien hasta la vejez sanos y fuertes, además de productivos.

Dicho sea de paso el saber quién es ese tiburón o qué es ese tiburón es tarea personal, nadie te lo va a decir, simplemente introduzcamos ese tiburón en nuestras vidas.

Combatiendo el estrés

Hoy es uno de esos días en que me siento inquieto, estresado, pero no violento o malcriado. No estoy en modo cascarrabias como dice mi esposa.

No. Ando preocupado.

También inquieto e inseguro sobre mi futuro. Hoy se termina un pequeño contrato que he llevado por ocho meses. Siento como si empujar el carro no sirve de nada. Siento que lo que hago no interesa, no importa, en un completo estado de indiferencia por parte de los que deberían mostrar al menos un poco de curiosidad sobre el desarrollo del proyecto.

En este momento no sé si el contrato será renovado, si aceptarán mi propuesta de aumento de los honorarios. Durante este tiempo, el valor del contrato fue barato, no pedí mucho, y pienso que debo revalorizar el precio de mi trabajo.

Sé que mi cerebro puede jugarme malas pasadas y me digo a mí mismo que debo tener dos grandes aliados: Paciencia y Calma.

Es fatal cuando uno empieza a perder las esperanzas, el ánimo y el optimismo, pero siempre hay una salida y el peor error es bloquear la mente a soluciones, negar la capacidad humana a la adaptación y a la búsqueda de nuevos horizontes.

Revelación de sábado

Tengo varios meses en que los sábados nos levantamos temprano, casi a las 3 de la madrugada para ir al mercado y comprar queso, para el negocio que lleva mi esposa.

Salimos los tres, mi hijo pequeño, mi esposa y yo; ya es una costumbre. Hoy tuvimos el contra-tiempo que el proveedor del queso se le olvidó enviarlo desde la fábrica. Nos preocupamos porque de no poder enviar el queso, íbamos a quedar mal con el cliente, un restaurante que lo utiliza bastante en los platillos.

Mientras esperaba a mi esposa que andaba buscando otro proveedor de queso en el mercado, tuve una especie de revelación. Yo siempre repito: “confío en ti Señor Jesús”.

Miré a través de la ventana del carro a mi hijo, medio dormido, y me dije: cuántas decisiones (buenas y malas), cuántos sacrificios he hecho para verlo crecer, cuántas situaciones vividas para verlo del tamaño que está, tiene siete años, recién ha aprendido a leer de corrido, y está avanzando en la escuela.

Pensé que igualmente, Dios no iba a sacrificar a su Hijo Jesús, en vano. Me puse a pensar: “es imposible que Dios envíe a su Hijo Unigénito para que su muerte en la cruz, siendo ofendido, maltratado y humillado, fuera un acto inútil, sin ningún propósito”.

Así como yo me he sacrificado para que mi hijo tenga un propósito en la vida, que menos Dios el Creador de todo. El sacrificio de Dios al enviar a su Hijo, no puede ser en vano, nunca. Y todo lo prometido se cumplirá al pie de la letra. Y una de las promesas es la Jerusalén Celestial. Apocalipsis 21: 1 dice lo siguiente: “Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva -porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya”.

Posiblemente otro tema de conversación sea el significado del mar en Apocalipsis.

Finalmente, el queso fue enviado a tiempo al cliente.

Las adicciones

Hoy es un día en que amanecí sintiéndome amado y bendecido por Dios. Tengo la certeza que nada perturbará mi paz interior. Por eso confesaré lo que escribo a continuación.

Casi seguro que es la primera vez que lo menciono en la web, o en un blog, pero la mayor parte de mi vida he luchado contra la adicción al licor, al guaro, al etanol, y en fechas más recientes a la cerveza.

El adicto es una persona masoquista, y cualquiera sea la adicción, origina un placer temporal que es valorado por la persona que lo padece, como algo en gran valor que vale la pena los estragos de la resaca.

Así como hay #adicciones para consumir sustancias químicas, sean éstas anfetaminas, cocaína, alcohol etílico, nicotina y demás cosas que ni siquiera me imagino, también hay adicciones sicológicas. Son esas costumbres que se vuelven hábito y un sistema de vida.

El motivo de estas líneas no es proponer soluciones médicas ni esotéricas, tampoco es la de proponer grupos de terapias o mantras. Simplemente advierto que el adicto es una persona masoquista porque está dispuesta a sufrir el dolor de la dependencia a fin de continuar con el logro del placer temporal.

Pero en cuanto al que padece una adicción sicológica, la satisfacción o el placer generado no es un trance agudo, o por decirlo así, una meseta empinada con un bajón de intensidad violento que provoca desórdenes en el organismo. Es una sensación que vive en el cerebro a baja escala, con una intensidad media pero permanente. Modifica la forma en que te comportas y ves el mundo. El factor común con las adicciones químicas, es el egocentrismo. En ambos casos, la lucha es para obtener un placer que es tuyo y no compartido.

Esto es la definición dada por el Diccionario médico (http://bit.ly/adiccionsicologica) respecto a las adicciones sicológicas:

“Patrón de conducta persistente, que se caracteriza por: el deseo o la necesidad de continuar una determinada actividad que se sitúa fuera del control voluntario; una tendencia a incrementar la frecuencia o la cantidad de actividad con el paso del tiempo; la dependencia psicológica de los efectos placenteros de la actividad; y un efecto negativo sobre el individuo y la sociedad. Se han descrito adicciones psicológicas al juego (de apuestas o de azar, videojuegos), al trabajo (workaholics americanos), al sexo (erotismo, pornografía, etc.), a la televisión, a ciertos deportes, etc.”

Hay mucha información en la web sobre las adicciones sin drogas, o sea, adicciones no-químicas. En este enlace http://bit.ly/tipos-adicciones se detallan varios tipos, entre las que se mencionan, están las siguientes:

Adicción al juego Adicción a la comida Adicción a las apuestas y juegos de azar Adicción al móvil Adicción al trabajo (mi comentario: !bendito sea tener trabajo¡)

En todo caso, el síntoma básico es que hay una desmejora en el bienestar del individuo que afecta el entorno familiar y social. Es como una enfermedad.

Pero hay dos adicciones sumamente nocivas que han influido a nivel mundial en el deterioro de pueblos enteros:

Adicción al poder Adicción al dinero

Ambas adicciones van de la mano. El dinero puede obtenerse a montones vía el poder desmedido, o el dinero puede llevar a posiciones de mucho poder político o económico.

Hasta aquí nada nuevo, o tal vez es un aspecto que no se ha valorado lo suficiente desde el punto de vista sicológico. Por ejemplo, Hitler fue un megalómano, con adicción exorbitante por el poder (militar).

En nuestras repúblicas tropicales sobran los ejemplos de presidentes que, o bien ya eran adictos al poder, o el sistema los llevó a desear el poder como fuente de satisfacción egoísta. Sistemas sin respeto por las leyes, que hacen emerger castas sociales adineradas a base del tráfico de influencias, amiguismo o afinidades políticas. Generando un sistema político viciado, corrupto de lo cual se aprovechan los #dictadores adictos al poder omnímodo.

El poder se convierte en un juego y una adicción, y entre más tiempo se mantenga el status quo, mucho mejor. Finalmente, el adicto al poder se revuelca en su vómito, intoxicado por sus propios errores.

LOS LUNES NI LAS GALLINAS PONEN

Me enfrento a los lunes, días terribles en que no encuentro energías y me falta de todo, creatividad y optimismo….

Toc, Toc.

Tocan en la puerta de la oficina y es la señora de servicios generales llevándome un pedazo de pastel y una gaseosa. Es por la celebración de cumpleaños de mi amigo Rajuela. En el momento más difícil de mi batalla contra el sueño de la tarde, aparece ella con la bandejita. Le dí las gracias.

Salí del escollo mental y me propuse escribir.

No sé si existe un medidor energético, una especie de aparato que sea capaz de medir el nivel de carga de tu batería cerebral. Yo pienso que no sirve de nada saber que estás llegando al 0% de carga, lo más que puedes sugerirte es tomar un descanso, dormir o cualquier actividad que te permita divagar y retirar con pinzas tus emociones negativas.

Cada persona tiene su propio método de liberar la energía neuronal que desboque la creatividad, y saber cuáles son esos momentos en que tus manos están trasladando la información del cerebro a la velocidad de la luz.

El proceso creativo o es a patadas o es con ligeros golpes en la espalda.Es broma.

El deseo de crear algo nuevo es una disposición que nace del amor y en este sentido, pienso que el amor es la energía más potente que hay en el universo.

Para crear, debes amar lo que haces y conocer tus potencialidades, es amar apropiarte del mundo con palabras, en imágenes, es cambiar la rutina y producir un diseño nuevo, mejor y más económico.

La falta de amor conduce al vacío existencial, a sentirte como una cáscara de huevo, sin nada por dentro y roto.

Dicho esto, interpretemos lo que pasa los lunes conmigo. Después de un fin de semana en que hago gestiones personales, he pasado más tiempo con mi familia, un rato con mi hermana y mi mamá, mi hijo y mi esposa. Me he quitado el estrés y me he sentido en paz, en un proceso en que también he entregado mi energía emocional.

Habrá un momento en que los lunes no existirán, solamente fines de semana. Esto posiblemente cuando me jubile y no esté sujeto a un horario.

Pienso que tanto si eres un asalariado o un dueño de empresa, estás sujeto a un horario, obviamente que en este último caso, eres más libre de disponer de tu tiempo, pero siempre estás siendo esclavo de una agenda de reuniones o compromisos.

El COVID ha venido a plantearnos el dilema de qué tan importante es la permanencia de nuestra persona en un espacio físico denominado “el trabajo”. En palabras sencillas: ¿es necesario que lo que yo hago lo tenga que hacer en la empresa? También lo puedo hacer desde casa y mi presencia no es fundamental.

Sin embargo, es muy importante un entorno en que estemos rodeados de nuestros compañeros de trabajo, para por lo menos, procrastinar a la hora del cafecito y chismear un poco. Agarramos aire, e ideas, cosa díficil si estamos en nuestras casas rumiando nuestras propias teorías conspirativas.

Si eres operador en una línea de ensamblaje, no hay alternativa más que el cuido extremo de un contagio pero si eres un trabajador del conocimiento, hay espacio de maniobra para trabajar desde casa si así lo prefieres.

De regreso a clases – Sobrevivir es un reto en esta etapa COVID

Hoy 1ro de febrero 2021, mi hijo ha regresado a clases presenciales. Cursa el tercer grado del nivel primario. Al iniciar el día, todos estábamos nerviosos. Ese “todos” significa mamá, papá y Joshua, a quien le dio un ataque de vómito, luego tosió brevemente. No quiso desayunar.

A mí los nervios me dieron de golpe, después, cuando él ya había entrado al aula. A la mamá de Joshua, la ví más serena. Después de casi un año de no llevarlo a clases como era lo normal, nos sentimos raros.

En la entrada del colegio una maestra aplicó alcohol-gel en las manos del niño, y luego su mamá lo llevó al aula. En un principio, la semana pasada, tuvimos dudas sobre lo idóneo de mandarlo a clases por el riesgo de contagio con el #COVID, pero el colegio no dio alternativas y nos vimos en la sin remedio.

Joshua iba con su mascarilla y un spray de alcohol para aplicarse en las manos, le recomendé que no tuviera mucho acercamiento con los niños de su clase, algo que sé es casi imposible, sabiendo que Joshua es muy juguetón y amigable.

Pienso que la normalidad debe regresar a golpes y por necesidad. Este es un país pobre, no hay subsidios de ningún tipo, no podemos darnos el lujo de permanecer encerrados en casa, sin salir a trabajar. Solamente las grandes empresas pueden establecer normas de trabajo en casa. Pero una gran mayoría está en el comercio informal, no se pueden dar el lujo de hacer trabajo desde la computadora por internet. De todas formas, alguien tiene que llevar el producto hasta el domicilio del cliente. Salir a la calle es una necesidad, una obligación para conseguir dinero.

La historia de la humanidad se partió en dos, con la pandemia del COVID. Un antes en que no existía un paradigma de la realidad virtual y la importancia de las comunicaciones desde dos pantallas lejanas. Un modelo de negocio inter-personal, cara a cara.

Un después, en que los modelos de negocios se enfrascan en mejorar los canales de atención al cliente mediante una comunicación más fluida a pesar de la carencia de las expresiones corporales.

A través de una pantalla no se sabe si mi interlocutor está mintiendo, manipulando o siendo honesto. Algo que también muchas veces es difícil de dilucidar mediante la conversación directa. Los canales de ventas mediante chat se incrementaron y esta nueva era aún no la terminamos de digerir.

La jungla digital está ahí, esperándonos a que seamos creativos y podamos enfocarnos en lo que realmente busca el consumidor compulsivo, calidad o simplemente algo novedoso, fuera de lo común. Esta etapa de mi vida, después del #COVID es un reto a la imaginación, las ventas se vuelven más vía enlaces tipo “compra-click”, o mediante plataformas de comercio de productos digitales, como es el caso de gumroad.com o payhip.com. Les confieso que tengo muchas esperanzas que el escribir pueda pagarme lo básico para subsistir y para ello, deseo con mucha fuerza que lo que ustedes leen sea de su agrado, les sea útil y encuentren un canal de motivación o reflexión. Eso espero de corazón.

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