El Pequeño Saltamontes

Escritos profundos, reales o imaginarios, pero honestos

He visto un anciano caminar por las calles, atravesar los espacios, con una mano temblorosa; he pensado “los ancianos no deberían andar solos”. Pero el señor va con rumbo, no va desorientado, tiene un fin que cumplir.

Todos nuestros sueños se mantienen a pesar de la edad, el anciano no es un ser anónimo ausente, es el mejor material para conocer lo que nos espera después de la muerte.

El anciano que ha logrado llegar donde muchos no han podido, a muchos jóvenes la muerte se le atravesó en el camino de mil maneras.

A unos, la muerte lo encontró sobre una moto, mueren a alta velocidad estrellados contra un poste. Otros mueren a manos de sus propios padres como es el caso de la joven que era violada por su padre. Murió asfixiada.

Hay tanta maldad y odio en este mundo; hay una pareja de ancianos que se aferra al poder como garrapata, hay una sociedad dividida por sus egoísmos y soberbia, hay quienes creen tener la razón.

Los ancianos ya vivieron, pero tienen todavía mucho camino por recorrer.

Asumir y darte cuenta que estás al borde de la tercera edad, que ya las fuerzas no son las mismas de antes, que sin embargo, tienes muchos retos y metas por delante.

Saber que todavía eres muy productivo, que eres más rápido haciendo o escribiendo, o pensando, a pesar de tus canas.

Saber que tienes un hijo en edad escolar que demanda atención, educación y esfuerzos para enseñarle el curso de la vida, y lo más importante, para ayudarlo a descubrir su destino, su horizonte, que la vida tiene muchas estaciones de tren, que todas llevan a cualquier parte si no tienes trazado un plan.

Saber que ese hijo te reemplazará, que hará las cosas bien, como vos no lo pudiste hacer. Que no tuve cabeza, pero él si la tendrá para tomar buenas decisiones, y ese es mi fin, ayudarlo a pensar bien, para escoger el sendero de Dios.

EL DESPIDO NO ES EL FIN DEL MUNDO

Con mucho orgullo les presento mi trabajo de doce meses, cargados de incertidumbre, inestabilidad, confusión pero encontrando al final del túnel, la luz de Dios. Precisamente el día de hoy, 13 de abril, cumplo un año de haber sido despedido. Todo lo bueno y lo malo sucede por alguna razón, siempre buena, porque Dios mira las cosas más allá de nuestros torpes sentidos.

Ateos y no ateos

No soy ateo, creo que existe un Ser Superior, sí, creador del cielo y la tierra. Los pensamientos de Dios, son hechos consumados. El futuro que piensa Dios, ya existe, es algo que no puede dudarse. El presente y el futuro se unen. El pasado no existe, sobrevive el pensamiento y la imaginación de Dios, que es la realidad.

Respeto la opinión de los ateos, pero no los entiendo. ¿Existe un libro donde me expliquen la posición de los ateos? Me gustaría que me escribieran para poder leer las bases en que fundamentan la tesis que Dios no existe. Porque yo lo veo tan claro como el agua cristalina de un río del norte de Nicaragua. Sin embargo, debo agregar que ateo no es únicamente el que dice “no creo en Dios”, es demasiado simple. Ateo es el que está alejado de la confianza en Dios, el que cree en sus propias fuerzas ya sea en la forma de dinero, poder o influencias. Ateo es el que no confía en Dios y vive la vida sin tomarlo en cuenta. Desde este punto de vista, podemos haber más ateos de facto, de lo que pensamos.

Si pudiéramos hacer una encuesta, creo que hay menos ateos entre la gente pobre y desvalida, que entre los ricos y poderosos.

En Dios, el tiempo es redundante, es una variable que sobra en el Universo. No hay espacio ni devenir, se vive simplemente en presencia de El.

El tiempo o la noción de tiempo, se fabricó para que nosotros los humanos entendiéramos la voluntad y el accionar de Dios. Los animales no tienen conciencia del tiempo, simplemente viven y no están subyugados por la prisa o la lentitud de las cosas.

Sí, no soy ateo, creo en Dios, así como mi hijo cree en El, sin que yo se lo haya inculcado, él ya lo trae en sus genes.

Semana Santa 2021

5 de abril. Siento la necesidad de escribir, expresando que me da decepción este mundo. Los valores están al revés, no hay solidaridad ni buenos sentimientos. Solo veo que el planeta se encamina a la destrucción total, irreversible.

El mundo no aprecia el valor del sacrificio de Nuestro Señor Jesús, habiendo muerto en la cruz, hace poco más de dos milenios. Ni aprecian el milagro de la resurrección.

Se vive un instante, y lo que importa es vivir según los instintos y las pasiones. El resto es secundario, no hay compasión ni consideración por la amistad. El que no tiene dinero, es un miserable, algo que debe descartarse y eliminar. Pero en ese hecho, el que descarta se vuelve basura, también.

Los valores humanos, no digamos, cristianos tienen la cara de un billete de ¿cuánto? La vida humana no importa, total todos nos iremos al hoyo. Porque en fin, no resucitaremos como lo hizo Jesús.

Así piensan, los que están en contubernio con Satanás, con el pervertidor y el que provoca confusión. La humanidad vive una espiral de dolor y caos. Por ese motivo, no veo una solución, la única es la más dura, predicha en Apocalipsis. Las siete copas de la ira de Dios están siendo derramadas por los siete ángeles. Así está anunciado en el Capítulo 16.

Antes del año 2100, la humanidad verá la ampliación de los horrores de la guerra, más desastres naturales, pandemias y el descalabro financiero, como punto final al sistema económico imperante. No hay vuelta atrás, preparemos nuestra mente y espíritu para lo que viene. Habrá un momento en que el dinero no servirá de nada, no servirá para comprar absolutamente nada.

Instruyamos a nuestros hijos de la mejor manera, acercándolos a Dios para que puedan interpretar lo que están sucediendo en el Planeta y lo que está por acontecer.

Cuentos renovados de la cripta (I)

Esta es la historia de don Germán, un hombre luchador con sus altos y bajos, bastante aficionado a la cerveza y no tan mujeriego. Dedicó parte de su vida al comercio, a vender y distribuir las oportunidades que se le presentaban.

Logró estudiar y coronar el ciclo diversificado, como le llamaban al tercer nivel de la escuela secundaria. Pero eso fue suficiente para aprender las estrategias de mercadeo y negociación que ninguna escuela certificada de administración de empresas puede ofrecer.

En su juventud caminaba largos kilómetros en senderos polvosos buscando plantíos de cebollas, tomates, frijoles, lo que fuera de legumbres. Compraba toda la cosecha haciendo cálculos de ganancias y pérdidas, extrapolando los precios de futuro y calculando la demanda en los mercados locales.

A veces obtenía buenas ganancias, otras veces no, pero en general, los saldos en su billetera eran positivos. De forma que pudo darle educación a sus hijos y sentirse satisfecho al final de sus días.

Su afición en sus últimos días era salir a cortar la maleza en su finca de San Marcos, en donde se había refugiado para sentir el aire fresco de la mañana y contemplar las oropéndolas haciendo los saquitos que colgaban en las ramas de los árboles, como hamacas, en que empollaban las crías.

La dieta predilecta de don Germán era frijolitos refritos con crema y tortilla caliente, en el desayuno. Al mediodía carnita asada con plátano tierno asado en el fogón de leña. Su señora era experta en sacar de las brasas el plátano en el punto exacto de calor.

Los años les habían dictado ciertas costumbres sencillas. Apenas veían televisión y escuchaban radio, siendo el pasatiempo hablar de los viejos tiempos y hacer recuento de todas las amistades que habían muerto.

Sus mentes eran ajenas a las preocupaciones políticas y financieras, aunque sí estaban muy al corriente de los precios, de la inflación de la canasta básica, del montón de dinero que no alcanzaba para nada. Eran tiempos duros, pero la convicción que habían cultivado, era que todo es transitorio, nada es para siempre o definitivo.

Hubo un momento en que don Germán empezó a hacer planes de muy corta duración como visitar a sus hijos, ver cómo estaban los nietos. Pensaba en que debía despedirse. Algo muy dentro le decía que sus días estaban contados con los dedos de la mano.

Su señora lo encontró como dormido un atardecer, en realidad estaba muerto. Asustada corrió a buscar un espejo y se lo puso en las fosas nasales, ningún aliento, ningún vaporcito. Había llegado su fin de manera tranquila, en su hamaca.

Ante el evento de la muerte

Unos días antes que mi papá entrara en coma irreversible, sintiendo él la inminencia de la muerte, logró hablar un poco, me aconsejó que atendiera mi salud por mis problemas de ronquido o en palabras médicas, problemas de apnea. Él dijo que lo que sucediera ya no importaba porqué él ya había vivido lo suficiente, y en ese momento no logré asimilar el contenido de esa expresión.

“Yo ya he vivido”

Siete años después, pienso seriamente en el evento de la muerte, qué significado tendría para mí, saber que estoy en grave riesgo de muerte, o que me acecha una enfermedad incurable.

Me hago estas preguntas:

¿Cambiaría mi actitud ante mi familia? ¿Me volvería odioso, sentiría desasosiego? ¿O, por el contrario, presentaría batalla y me sentiría fortalecido?

¿Tiraría la toalla y me echaría a morir?

¿Prepararía mis cosas y me acercaría más a Dios? ¿o, por el contrario, me sentiría traicionado por Dios y perdería mi fe?

No sabemos a ciencia cierta qué nos espera después de la muerte. Pero estoy casi seguro que nos espera un cambio de cuerpo, de uno material a una vestimenta espiritual, no corpórea, en otro universo u otra dimensión.

Albergaba la esperanza que mi papá despertaría del coma, a veces me parecía que hablaba y decía “agua”. Tenía la fe que, para el día de la Virgen de Guadalupe, él se recuperaría y nos sentiríamos contentísimos de que todo se había superado.

Aunque parezca que en mis palabras hay rencor o resentimiento, es normal que, ante un evento de esa magnitud, teniendo a un familiar muy querido como tu papá o tu mamá en trance de muerte, encuentres fuerzas para confiar en Dios y en su respuesta divina.

Pero muchas veces no se cumplen nuestros deseos aún cuando sean a favor de los padres. Dios sabe lo que hace y sus decisiones son inapelables.

No aprendemos del dolor ajeno, hasta que lo experimentamos en nuestra propia carne. Cuando desconectaron a mi papá de la máquina que lo tenía con vida “en teoría”, atado del hilo de contracciones en el corazón que genera la adrenalina de forma sintética, se me hizo un nudo en la garganta, más al ver cómo le aplicaban el desfibrilador más por compromiso que por otra cosa, o a lo mejor haciendo la mueca porque las enfermeras volteaban a ver hacia donde yo estaba, a unos 10 o 15 metros.

Sabemos que el tiempo existe, y que el tiempo pasa, y que es una variable física, porque la intuimos en los cambios que vemos a nuestro alrededor. Veo los cambios en la salud de mi mamá, y en mi propia persona, y es entonces que me doy cuenta de que el tiempo ha pasado, que uno envejece drásticamente, y se comienzan a masticar las hojas del evento de la muerte.

Heme aquí, dándome cuenta de que la muerte está cercana y que ella te espera con la mayor paciencia del mundo, sin desesperación, sentada en un taburete viendo cómo luchas por sobrevivir, aunque es ridículo creer que se puede escapar de semejante adefesio.

Tiburón en nuestras piletas

Después de ver un video que me pasaron por whatsapp, he llegado a la brillante conclusión que es necesario tener un tiburón en nuestras vidas.

El video explica cómo los japoneses insatisfechos por la calidad del pescado que enviaban los pescadores, hicieron que estos buscaran modificaciones en las embarcaciones para que el pescado llegara lo más fresco posible al mercado y la única solución fue introducir el depredador universal de los mares para mantener en movimiento a los peces en las piletas para que el pescado llegara oxigenado.

Nuestras vidas tienen algo de similar; todos necesitamos un tiburón para mantenernos en movimiento para llegar frescos a la costa con sabor y frescura.

Todos necesitamos movernos para oxigenarnos y no anquilosarnos; ese es el truco para llegar bien hasta la vejez sanos y fuertes, además de productivos.

Dicho sea de paso el saber quién es ese tiburón o qué es ese tiburón es tarea personal, nadie te lo va a decir, simplemente introduzcamos ese tiburón en nuestras vidas.

Combatiendo el estrés

Hoy es uno de esos días en que me siento inquieto, estresado, pero no violento o malcriado. No estoy en modo cascarrabias como dice mi esposa.

No. Ando preocupado.

También inquieto e inseguro sobre mi futuro. Hoy se termina un pequeño contrato que he llevado por ocho meses. Siento como si empujar el carro no sirve de nada. Siento que lo que hago no interesa, no importa, en un completo estado de indiferencia por parte de los que deberían mostrar al menos un poco de curiosidad sobre el desarrollo del proyecto.

En este momento no sé si el contrato será renovado, si aceptarán mi propuesta de aumento de los honorarios. Durante este tiempo, el valor del contrato fue barato, no pedí mucho, y pienso que debo revalorizar el precio de mi trabajo.

Sé que mi cerebro puede jugarme malas pasadas y me digo a mí mismo que debo tener dos grandes aliados: Paciencia y Calma.

Es fatal cuando uno empieza a perder las esperanzas, el ánimo y el optimismo, pero siempre hay una salida y el peor error es bloquear la mente a soluciones, negar la capacidad humana a la adaptación y a la búsqueda de nuevos horizontes.

Revelación de sábado

Tengo varios meses en que los sábados nos levantamos temprano, casi a las 3 de la madrugada para ir al mercado y comprar queso, para el negocio que lleva mi esposa.

Salimos los tres, mi hijo pequeño, mi esposa y yo; ya es una costumbre. Hoy tuvimos el contra-tiempo que el proveedor del queso se le olvidó enviarlo desde la fábrica. Nos preocupamos porque de no poder enviar el queso, íbamos a quedar mal con el cliente, un restaurante que lo utiliza bastante en los platillos.

Mientras esperaba a mi esposa que andaba buscando otro proveedor de queso en el mercado, tuve una especie de revelación. Yo siempre repito: “confío en ti Señor Jesús”.

Miré a través de la ventana del carro a mi hijo, medio dormido, y me dije: cuántas decisiones (buenas y malas), cuántos sacrificios he hecho para verlo crecer, cuántas situaciones vividas para verlo del tamaño que está, tiene siete años, recién ha aprendido a leer de corrido, y está avanzando en la escuela.

Pensé que igualmente, Dios no iba a sacrificar a su Hijo Jesús, en vano. Me puse a pensar: “es imposible que Dios envíe a su Hijo Unigénito para que su muerte en la cruz, siendo ofendido, maltratado y humillado, fuera un acto inútil, sin ningún propósito”.

Así como yo me he sacrificado para que mi hijo tenga un propósito en la vida, que menos Dios el Creador de todo. El sacrificio de Dios al enviar a su Hijo, no puede ser en vano, nunca. Y todo lo prometido se cumplirá al pie de la letra. Y una de las promesas es la Jerusalén Celestial. Apocalipsis 21: 1 dice lo siguiente: “Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva -porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya”.

Posiblemente otro tema de conversación sea el significado del mar en Apocalipsis.

Finalmente, el queso fue enviado a tiempo al cliente.

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